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ENTRE LINEAS

Sucedió en verano...

Este escrito es para ti

Este escrito es para ti

 

Confieso que algunos de mis escritos son lo suficientemente ambiguos buscando que la persona que los lea piense que van dirigidos a ella. Con ello huyo de la afrenta de dar mayor pábulo a unas frente a otras y consigo contentar a todas. Pero hoy quiero escribir a alguien especial para mí, sin  saber si quiera si me lee. Hoy no hay ambigüedades, estas letras tienen nombre propio. Van destinadas a ti. 

 

A ti que ahora me deslumbras entre todos los que me rodean.

 

A ti a quién tantas veces quise y muchas más odié.

 

A ti que me viste llorar y muy pocas reír para que no me tildasen de loco.

 

A ti que hueles a todos los aromas.

 

A ti bella oscuridad. 

 

A ti que me has acompañado en el momento más importante de mi vida y que me acompañarás en aquél que le dará significado.

 

A ti que tienes nombre de mujer

 

New York, Nueva Yorq

 

Recuerdo que poco tiempo antes de visitar por primera vez los EEUU –evento que ocurrió entre finales de julio y principios de agosto de dos mil siete- mis preferencias de viaje eran claramente desfavorables a ese País. Puestos a cruzar el Océano, que fuese a un lugar mas exótico o pedagógico como la Riviera Maya o descubrir la  cultura Inca o adentrarnos en nuestras raíces en Argentina, Chile o Cuba. Todo antes que ir a la cuna del capitalismo, hacerles el caldo gordo a los imperialistas y, por supuesto, estar cerca de un indigente cultural, partidario de alargarle la vida a los muertos y cargarse a los vivos, como lo es Bush. Además mi cabeza andaba llena de tópicos como que los yanquis (lo sé. Sé lo de la “k”) eran unos insolidarios estúpidos, unos “niños mimados grandes que siempre andan con la banderita”  y otras cosas que circulan entre los que no vivimos allí.  Pero una antigua promesa familiar me hizo recalar en el Este de EEUU y, como única concesión que se me hizo, una escapada fugaz a Toronto (Canadá) para ver paisaje  “por eso de que ‘Niágara Falls’ (Cataratas del Niágara en castizo) cae al ladito”. Y es que parece mentira cómo se ve todo de cerca en un mapa.

 

Nuestra primera escala, como no podía ser de otra manera, fue New York, lo que hizo sino confirmar algunas de mis afirmaciones. New York no es una ciudad bonita. Está llena de edificios inacabables que parecen apretarte mas que cobijarte. No es una ciudad monumental al estilo de “Paggisss” (¡Oh, lalá!) o “London”. New York no tiene el romanticismo de Venecia o Viena, ni el misterio de Praga o Budapest. Ni el decadente encanto de Lisboa.  Por no tener,  no tiene la historia que encierra cualquier ciudad de la geografía española (“¡ya quisieran ellos!”, decimos siempre).

 

Pero New York me atrapó. Nueva Yorq me enamoró por alguna extraña razón. A New York, entonces lo supe, volvería siempre, como a una amante a la que no puedes dejar aunque te despeche. Como volvería a París, a Londres o a Madrid o a mi querida Mallorca.

 

En Nueva Yorq me perdería. Tal vez porque sea una ciudad que es un compendio de lo que es el mundo. Tal vez porque está “abierta” las veinticuatro horas del día. Tal vez porque caminando por sus calles te sientes protagonista de alguna película que ya has visto. Porque “Desayunas con Diamantes” o te sientes –como me pasó a mi- un “Cowboy de Medianoche”. Porque sus calles o por “Central Park” suena la música de Lennon, “Imagine”, o la de Sinatra, “New York, New York” o la de Simon & Garfunkel. Porque en Broadway nace la magia que se exporta a todos los lugares de la tierra. Porque puedes admirar los mas espectaculares paisajes en el “Metropolitan” o en el “MOMA” o en el “Guggenheim o los mas fabulosos animales en el “Museo de Historia Natural”. Porque es una ciudad herida que el destino quiso que un once de setiembre como hoy, justo cuando Cataluña celebra que dejó de ser para siempre, se llenó de muerte y espoleó la compasión –y el miedo- de todos.

 

Busco razones para comprender esa extraña y querida ligazón a una ciudad. Sé que no las hay. El misterio que nos hace pertenecer a alguien, a algo o algún lugar no existe.

 

Simplemente, es.

 

Ya no te persigo

Ya no te persigo

Es lunes y como cada lunes, me levanto con la mente abotargada. Desde hace meses que no consigo descansar la noche que enlaza el domingo con el lunes. Ya ni las “perlas” de valeriana hacen efecto. Tampoco los sueños por mucho que trato de imaginarlos.

- “¿Los habré perdido?”, me pregunto en un estado de agitación semi-inconsciente. Acto seguido, trato de calmarme pensando que un sueño no es más que energía que, como todas, se transforma.

- “Un sueño es esa energía que nos ayuda a ponernos en marcha cada día”, trato de auto-convencerme en un intento vano de establecer que los sueños nunca desaparecen sino que, de tanto esperarlos, nos pasan inadvertidos. Entonces busco en mi memoria tratando de recordar alguno.

- “Nada”. Por más que reviso en el histórico de mi mente, las carpetas de los archivos aparecen invariablemente oscuras. De vez en cuando un destello, que pertenece a algún sueño pendiente, trata de abrirse paso; pero al cabo de unos segundos se desvanece sin que apenas pueda rememorarlo. Hago trampa tratando de inducirlo, pero no me ha servido de nada. Se ha desvanecido como los demás. Entonces me doy la vuelta hacia el otro lado, para escapar de los latidos del corazón que atormentan mi descanso. No me gusta escuchar su sonido cuando trato de que aparezcan los sueños. Su latido es tan fuerte que los ahuyenta ocupando todo el espacio en mi mente. Intento vano. Los latidos atacan mis sienes y las golpean con fuerza…

- “¿Dónde estás sueño?”, un grito de silencio ahogado en mi pecho. Pero no viene. Una tras otra van apareciendo imágenes rápidamente, como trailers de película.

- “Venga. Escoge uno. Prueba con éste…. O con este. O con el de ella”. Nada. Ningún sueño permanece conmigo en ese tránsito. Se desvanecen. O se escapan, no se.

- “¿Por qué habría de escaparse un sueño?” “¡Qué tontería!” me digo, “los sueños siempre están ahí. Solo se transforman”, barrunto cada vez con menos convencimiento. Entonces…

- “¿Por qué no vienes, sueño?”. Silencio. La noche avanza lentamente. O muy rápidamente, no lo se. Cojo la radio y escucho alguno de esos programas en el que la gente llama para contar sus miserias buscando a otros con más miserias que las propias para que les sirva de consuelo. Pero ya es tarde. Incluso la miseria se ha desvanecido por unas horas. Y sigo ahí. Persiguiendo mi sueño sin poder alcanzarlo…

Son las siete y media y hoy tampoco he soñado. Será un día, como cada lunes desde hace meses, vacío. Solitario. “Tal vez” pienso al ver la luz como se filtra por las rendijas de la persiana de mi habitación “es que ya no te necesite, sueño”. “Estoy cansado de perseguirte”, digo en voz alta, mientras unas lágrimas se escapan de mis ojos certificando la mentira de esas palabras.

 

(Es un texto que escribí hace tiempo. Es antiguo pero hoy lo recupero porque sigue plenamente vigente)

Desengaño

Desengaño

La facilidad me desmotiva. Tener lo mismo que los demás no me hace especial.

 

La dificultad me desanima. No conseguir lo que alguien tiene tampoco me hace especial.

 

La normalidad me desespera. Poseer siempre lo propio nunca me hará especial.

 

Tal vez es que no lo soy.

Vivir sin amor

Vivir sin amor

 

El amor y la pasión, necesidades básicas del ser humano. O la pasión y el amor por ponerlos en orden inverso. Sin embargo puedo llegar a vivir sin amor. El amor lo puedo comprar, argumentar, crear, falsificar. Lo puedo hasta inventar, Pero no la pasión. La pasión, ese entusiasmo que se siente en la contemplación, ese enardecimiento que se nota en el roce, ese arrebato que se percibe en el olor, ese ímpetu que se descubre en el sabor, no lo puedo comprar, ni crear. Mucho menos falsificar o inventar. La pasión o es o no es.

 

La caída de los mitos

La caída de los mitos

No hay nada mas sencillo que romper con el mito de la persona enamorada. Basta con trasladarla del olimpo de los dioses en el que la solemos situar en los estados de pasión amorosa y colocarla en el mundo de los mortales, imaginando que tiene las mismas necesidades que cualquiera de ellos. Ver a esa persona, por ejemplo, sentada en la taza del water depositando los últimos residuos de la cadena alimenticia, transformando su embriagador aroma a Opium o Ralph Lauren en otro mucho mas penetrante y desagradable o, ser conscientes, que cuando se resfríe, las secreciones resbaladizas de su nariz serán de la misma pegajosa textura y color que las de cualquier hijo de vecino. Por mucho que nos empeñemos en lo contrario, el líquido que sale de su vientre a través del tubo que le inyecte el cirujano estético para practicar una liposucción, será igual de amarillento y viscoso que el de cualquier otro ser mortal y que, por muchas sesiones de gimnasio, rayos uva y demás zarandajas a las que se someta, por mucho bisturí que corte su piel, el deterioro de su cuerpo será inexorable hasta que sea pasto de los gusanos o de las llamas. Pensando en todo ello sería fácil dejar de amar a quién quieres con locura… ¡¡ Me gustaría conocer al gracioso o graciosa que dotó a esa mierda de cuerpo de una mente capaz de tener sentimientos ¡!

La buena vida es cara. La hay más barata pero no es vida

Os invito a dar un pequeño paseo por una parte de "mi" Mediterráneo. Excepto la música -que espero Fito no me la haga retirar- lo demás pertenece a la creación e idea del autor.

 

Amanecer a tu lado

Amanecer a tu lado

Son las siete de la mañana. Me acabo de despertar. O, quizás, no he dormido en toda la noche al saber que estabas a mi lado. Ayer por la noche quise saber, ver, cómo te dormías, cómo sería tu entrada en el mundo de los sueños estando conmigo... Se que tú tampoco querías dormirte esperando lo mismo que yo, pero te engañé. Te engañé haciéndome el dormido y esperando que tu te recostases a mi lado abrazándome muy fuerte, como hacías cuando eras niña con tus muñecos de peluche. No me moví y no veas el esfuerzo que me costó mantenerme en esa posición y que mi respiración no se alterase. Finalmente te pudo el cansancio y tus brazos alrededor de mi cuerpo se fueron relajando. Fue entonces cuando pude cumplir mi deseo y me incorporé en la cama, a tu lado. Lenta y sigilosamente. Tenía miedo que notases la ausencia de mi cuerpo entre tus brazos. Pero, pensé, esa ausencia no iba a ser por mucho tiempo. Así, aguantando mi cabeza con la mano, te miraba. Te contemplaba. Te adoraba. Mis ojos brillaban anegados en las lágrimas que me causaba el inmenso placer de contemplarte así, junto a mí, boca abajo. El pelo te cubría la cara y tu cuerpo descansaba entre las sábanas, desnudo. O casi, desnudo, porque bajo las sábanas se adivinaban unas minúsculas braguitas que guardaban mi puerta de entrada en ti... De esa forma me pasé... ¡¡ pues no se cuanto tiempo !!. Sólo se que cuando mi mano empezó a recorrerte la espalda, había algo de claridad en la habitación. Suave y dulcemente empecé a viajar por tu cuerpo, desde los hombros a las nalgas, apenas rozándote, sintiendo el leve hormigueo eléctrico de la piel excitada por la piel. Aún dormías, aunque tu respiración ya no era tan profunda ni tan pausada. Daba la sensación de que me había conseguido colar en tu sueño y, en sueños, empezabas a reconocer los dedos que te acariciaban...



Muy despacito, mis dedos empujaron la sábana que te cubría dejando al descubierto tu cuerpo, perdido, relajado, brillante, hermoso... Y con esa visión noté cómo mi pene iba creciendo poco a poco... Como fluía la sangre en mi interior con sólo contemplarte... Cómo se despertaban mis sentidos al conocer el futuro inmediato... Me acerqué un poco más a ti, sin rozarte. Retiré el pelo de tu nuca y con ello ya tenía el camino franco desde ese lugar hasta tus pies... Y empecé el recorrido con mis labios. Un leve roce en tu nuca... Creo que fue en ese momento cuando adquiriste consciencia de donde estabas, pero esa misma consciencia-inconsciencia hizo que te quedases así, quieta, dejándome hacer a mí. Luchando por permanecer en el sueño, en esa ola de placer que se nos avecinaba. Mis labios recorrieron de punta a punta tu cuerpo. Desde la nuca, pasando por esa vena de tu cuello que indica el camino a seguir por tu espalda, notando como la piel se eriza, responde al estímulo del amor y del placer... Hasta llegar a tus nalgas, redondas, firmes, duras... Y allí me entretuve con mis labios....y con mi boca que quería besarlas... con mis dientes que deseaban mordisquearlas.... con mi lengua que se moría de ganas de colarse entre ellas y alcanzar la fuente que empezaba a brotar muy cerca... Pero quise aprovechar el momento y la oportunidad que tenía ante de mi de poder hacer contigo el motivo de mi placer, y continué el viaje más abajo con el fín de que fuese más duradero. Por tus muslos, detrás de tu rodilla y hasta llegar al talón... Cuando estaba en ese lugar, casi sin darme cuenta, te giraste hasta quedarte boca arriba... Tenías los ojos cerrados y hubiese pensado que estabas dormida si tus pezones erguidos y duros no delatasen que ya estabas viviendo el sueño. No me importaba que siguieses en ese estado de duerme-vela. Es más, el juego me estaba excitando aún más...

 

Pasé mi lengua por entre los dedos de tus pies, chupándolos, sorbiéndolos hasta dejarlos completamente bañados de saliba... La delicia de ese gusto me animó -por si no lo estaba lo suficiente- a continuar el camino a la inversa... Los labios se pasearon por tus rodillas, tus muslos... Resistieron, no se cómo, la tentación de meterse entre tus muslos, rodeando su interior por las ingles, casi descubiertas de tela. Y, desde ese lugar, pasando por el costado, llegaron hasta tu pecho. Ahí si que no pude evitar el que mis labios se parasen, justo debajo de tu pecho. Me encanta tanto el poder abrazar tu pecho con mi boca... Me causa un placer tan enorme el saborear tus pezones erguidos, tiernos, suaves y duros a la vez, con mi lengua... Estuve un buen rato lamiendo, acariciando con mis labios, sorbiendo, chupando. Hasta que noté cómo tu respiración se agitaba, como tu cuerpo se arqueaba a pequeños impulsos y cómo tu boca se entreabria. Comprendí que el calor que estabas sintiendo había resecado tu boca... Y fui en busca de ella... La encontré con el sabor dulce y fresco de la mañana... Nos regalamos un largo beso. Nuestras lenguas se enroscaron con esa ternura de los amantes que quieren que el momento no se acabe nunca. Con el afán de hacerlo eterno. Te abrazaba y ya me puse muy junto a ti, para que notases, palpases, acariciases toda la extensión de mi excitación, de la dureza de mi pene en contacto con tu piel.

 

Separaste las piernas menos de un palmo, lo suficiente para invitarme. Ahora, mientras nos besábamos, eran nuestras manos las que acariciaban nuestro cuerpo. Bajé mi mano por tu pecho, acariciando tus pezones, pellizcándolos, suavemente eso si, con mis dedos... Bajando por tu vientre y llegando hasta tu pubis que se ofrecía generoso. Mis dedos se entrelazaban con tu vello, peinándolo suavemente, evitando a conciencia ir más allá, donde termina... Quise que tu deseo llegase al límite. Que me pidieras, me suplicaras la caricia. Tanto como yo lo estaba deseando en ese momento en que mi pene no paraba de crecer entre tus manos que lo acariciaban... Sin poder aguantar un segundo más, te pusiste sobre mi. Todas las protuberancias de la parte inferior de mi cuerpo fueron encontrando huecos donde anidar sobre ti. Mis rodillas en tus corvas, tus nalgas en mis ingles, mi vientre en tu cintura, mi pecho entre tus omoplatos. Llevé mis manos hacia tus pechos, sintiendo el placer sólido de la presión suave y glandular de ellos. Descansaste todo el peso sobre mí y nos abandonamos tácitamente a la exclusividad de nuestro placer recíproco.

 

¿ Te has dado cuenta que hacer el amor es como una tregua, un lapso de tiempo durante el cual pudiéramos aliviar la alienación y encontrar una comodidad pasajera en la unión de nuestra comunicación física ?. En ese momento, cuando se hace el amor el lenguaje es elemental y las cualidades están claras: sí, no; pasión, ternura; dentro, fuera; agresividad, pasividad, y así sucesivamente a lo largo de toda la experiencia. Cuando imagino que hago el amor contigo, la disposición de ánimo que tengo adopta la forma, cuando no la esencia, de una expresión que comprende la música, incorpora la danza y alcanza la poesía.

 

En un movimiento algo impreciso, me puse encima de ti. Dejé caer mi pene debajo de tus nalgas. Mi glande acarició el borde de los labios de tu vagina. Su pelo cosquilleo mi piel. Fui bajando mis manos hasta el hueco de tu tórax y estómago vulnerables. Puse mis palmas sobre tu vientre y empecé a jugar con mis dedos en tu vagina, arañando y presionando en los pliegues sensibles. Luego deslicé un dedo dentro, donde la humedad empieza, y lanzaste un grito sofocado que estremeció todo tu cuerpo. Mi pene alcanzó el límite máximo de dureza y lo empujé contra la entrada de tu vagina. Mi pelvis empezó a balancearse, forzando la entrada de mi pene en la cálida abertura de tu entrepierna. Cuando empezaste a gimotear, a jadear, me sentí completamente duro. Ahora mi pene se apoyaba en tu clítoris, excitándole, incitándote. Empezaste a moverte muy rápido, tratando de atrapar mi pene en tu vagina, pero yo me escapaba y seguimos el juego. Hasta que me susurraste que te penetrara y me quedara allí. En tus entrañas... ¿ Te has fijado en la riqueza de sensaciones que se experimentan en ese momento ? ¿ Verdad qué sabes que si te eludo cuando parece que vamos a llegar al orgasmo, es símplemente para que alcances tu máximo nivel de energía ?. Levantaste y aplastaste tus nalgas contra mí en casi una súplica y las oleadas cálidas que me recorrieron por dentro aceleraron mis movimientos, confundiendo todas mis posturas e imágenes. Y cuando ya no pude resistir más la tensión, tu vagina me atrapó y me hundí en ella con un fuerte grito de placer-dolor, y empecé a nadar en la deliciosa, cálida y espesa hondonada de tu cuerpo.

 

Te pusiste de rodillas y extendiste el torso, con los brazos apoyados delante de la cabeza, ofreciéndome tu centro, para que te penetrase a mi propio ritmo y velocidad. Estabas bien, te notaba bien permaneciendo quieta, dejando que las sensaciones te inundaran. Hicimos así, el amor durante casi una hora, pasando por docenas de cambios, algunas veces aplastándome brutalmente dentro de ti para después acariciarte suavemente los labios internos en los bordes con la punta del pene; o balanceándome de un lado a otro, de forma errática, para luego serenarme, sintiendo la palpitación de mi órgano en lo más profundo, como un submarino en una gruta a la escucha de sus ecos. Me introduje en tí con golpes iguales, hasta estallar en tu interior. Me erguí y te volví a penetrar hacia abajo en pronunciado ángulo y luego me dejé caer para que hiciésemos el amor desde abajo e irrumpir en el techo de tu vagina. Hice el amor con tu olor, con tu visión, con tus posibilidades. Finalmente, te puse sobre tu costado derecho y levantaste una pierna, contemplando cómo mi pene se hundía en tu entrada...Estabas toda, vello mojado y calor tembloroso. Tuviste un orgasmo.

 

Y cuando me sentí físicamente cansado te pusiste de rodillas, como si rezaras en la iglesia; doblaste la cintura, poniéndote hacia delante, la espalda curvada y el vientre colgante, con la vagina dispuesta para la penetración más profunda, y me entregué a un movimiento sin obstáculos, moviendo con rapidez mi pelvis, dejando fluir libremente la energía de todo mi cuerpo, gozando del placer violento de tu vagina cogiendo y sosteniendo mi pene mientras me deslizaba dentro y fuera de ti....Dejé que el esperma brotara y se derramara dentro de tí. Di un grito como si la vida se me fuese en ese instante cuando era la vida lo que venía... ¡¡ que paradoja !!

 

Poco a poco fuimos hundiéndonos en la cama, extendiendo el cuerpo, tú sobre mí, ambos exactamente en la misma postura de antes de empezar a hacer el amor. Y así, abrazados, fundidos el uno en el otro, nos quedamos en el cielo que acabábamos de conquistar y del que no queríamos regresar....Eran las 9 de la mañana...

Cuento para todo tiempo

Cuento para todo tiempo

 

Érase otra vez una linda mujer de un País lejano que vivía en un País menos lejano. Residía en un pueblecito pequeño y muy tranquilo, tan diminuto y plácido que la señora en cuestión no encontraba allí varón que le llenase sus horas de soledad y desasosiego sexual.

 

Como estaba todavía en edad de merecer y le acuciaban las urgencias de la libido pensó que, como era año de Olimpiadas, lo mejor era organizar una competición entre los varones con los que hembra contactaba a través de los medios virtuales. El ganador sería aquél que antes llegase a su entrepierna.

 

Todo aquél con alguna gracia era reclutado por la fémina enseñándole el premio que se llevaría si era el primero que llegase hasta tan íntimo lugar. Alentaba a los competidores con mucha pasión, prometiéndoles a cada uno sin que el otro lo supiese, que era el elegido y, a ciencia cierta, que conseguía la entrega entusiasmada de los varones que, como se sabe, son seres simples que evalúan su deseo por los recursos naturales de las damas y no por otras cosas menos tangibles. Hasta que quedaron dos finalistas o tal vez más –este cronista no puede precisar el número exacto de ellos porque, las horas que la mujer empleaba en su particular Olimpiada eran muchas y sus visibles encantos a los varones evidentes- a los que precisó debían acudir a recoger el premio. Su perla como ella lo llamaba.

 

Pero hete aquí que uno de ellos se retiró de la competición al comprobar el engaño de la damisela que a todos deseaba y que solo a uno recompensaría. Así pues el finalista se lo hizo saber a la gentil dama, que ya no competía por tan valioso trofeo. Y ella, con aparente pesadumbre, pareció aceptar su decisión. Pesadumbre que no era tal porque la linda mujer de un País lejano ya tenía el recambio que le apagaría un fuego que amenazaba por consumirla. Y así fue. Llegó un hombre de un País menos lejano impulsado por tiempo largo de abstinencia y dio satisfacción a la hembra comprobando que, aquella deseada perla, era del todo natural. Y colorín, colorado, este cuento se ha acabado… o no

 

Moraleja: El hombre es primitivo y simple y siempre encontrará una mujer que le preste su disfraz para que se sienta menos primitivo y simple y para que haya varón que pueda contar esta historia.

Estrellas

Estrellas

Desde siempre he pensado que las estrellas están formadas por la sustancia que le damos nosotros. Cuando dos personas se encuentran en este, a veces, oscuro mundo que es “La Red” o en el otro, en el físico, no exento de oscuridad, nace paralelamente una estrella. Un astro que puede adquirir las más diversas formas, dimensión, texturas e, incluso, colores dependiendo de la materia que le hayamos dado a nuestros sentimientos. Porque para mi, las estrellas, están formadas por esas emociones, por esas pasiones, por ese entusiasmo, por ese calor que le damos a nuestras relaciones. Así me hago la ilusión que todas las personas que se han cruzado en mi vida están ahí, en el firmamento. Unas, luminosas y brillantes, no se apagarán nunca a mis ojos. Otras, puntos pequeños, dejarán de ser perceptibles a mi vista a medida que vaya envejeciendo. Muchas, ya han pasado como estrellas fugaces, efímeras y espectaculares, para no volver nunca. Por eso me gusta contemplar la noche oscura cuando abre su manto y me deja contemplarlas. Para ver quién sigue ahí y quién se pierde en mi memoria. De vez en cuando, sobre todo en las noches limpias de agosto, veo pasar una estrella fugaz que va a su escondrijo oscuro del Universo, para recordarme la fragilidad de la materia de la que estamos hechos.

 

 

Sucedió en el siglo XXI (segunda parte)

Sucedió en el siglo XXI (segunda parte)

El desempleo apretaba más que el frío de aquél mes de enero de dos mil nueve. Una tormenta de malos indicadores económicos arreciaba sin que los paraguas que había previsto el gobierno socialista de Zapatero -que meses antes tanto distraían al personal- sirvieran para frenar el descontento de la masa social. Una masa social que se encontraba hipotecada, mal pagada y burlada, hacía poco menos de un año, por un ministro de economía que actuaba al dictado de su presidente de gobierno acuciado por las urgencias electorales.

 

Las aguas revueltas acabaron por provocar una inundación en forma de huelga general para ese día de enero. Huelga general que en mi caso solo lo era de puertas para fuera porque, de puertas para dentro, continuábamos con nuestra actividad “más” que normal. Bueno, no todos ya que los miembros del comité “de la” empresa –y entiéndase con todo su significado la preposición articulada- habían acudido a la manifestación convocada por los sindicatos no fuera que no los encontrasen coreando las consignas de rigor y les tildasen de esquiroles, que, como se sabe, es la mayor ofensa que se le puede proferir a un sindicalista.

 

A mediodía todos los noticiarios se hacían eco, como no, de la huelga general y del éxito de la misma en una jornada marcada “por la ausencia de incidentes importantes salvo la reiterada, constante y flagrante vulneración del derecho a trabajar por parte de los piquetes informativos “ (el añadido en letra cursiva es mío. Ningún informativo se atrevería a dar ese tipo de información) Como cada día después de ejercer el democrático y necesario derecho al alimento, me dispuse a otra operación no menos importante para el bienestar del espíritu y sobre todo del cuerpo. Había llegado el momento de echar una siesta como suelo hacerlo –presumo que así lo hacemos much@s- sentado en el sofá y dejando que el runrún del televisor actúe como anestésico. Las declaraciones de los dirigentes sindicales apostando a que “ante la respuesta tan contundente de los trabajadores y trabajadoras el gobierno debía tomar medidas”, me estaban llevando al deseado estado de atontamiento que se patentiza, en mi caso, por un hilillo de saliva que empieza a desparramarse por la comisura izquierda de la boca –tengo una tendencia natural a que sea ese lado y no otro el que gotee- cuando hubo algo que me sacó del beatífico sopor.

 

Después de las declaraciones de los mandamases sindicales, políticos de todo pelaje y ubicación política, los reporteros se dedicaron a entrevistar a la gente que se manifestaba en aquella “magna concentración” para que los ciudadanos de a pie valorasen o dijesen lo que les viniese en gana sobre la huelga. Fue entonces cuando la vi, allí delante de mí como la otra vez en la entrevista de trabajo pero más pequeñita y en la tele. La reconocí al instante aunque su aspecto estaba algo cambiado. Estaba embarazada. A su lado un hombre que, por lo que dijo ella después, supe que era su marido. La entrevistadora le puso la alcachofa para que contestase alguna pregunta que debía tener relación con el motivo de aquella manifestación –la sorpresa por verla en televisión me impidió prestar mayor atención a la interpelación de la reportera- ya que ella contestó:

 

     - Llevo más de un año buscando trabajo y, a pesar, de haber ido a ya no sé cuantas entrevistas, no ha habido manera. La verdad es que es desesperante porque nos hace mucha falta… Ya sabes la hipoteca del piso, la vida que cada día está mas cara a mi marido le han rebajado el sueldo a la mitad y ahora, con “lo que viene”, fíjate la que nos espera. No tendré ninguna oportunidad –apostilló mientras se ponía las manos sobre su barriga.

 

      - ¿Y qué creéis que sucederá después de esta manifestación? – les preguntó a ambos la cronista de circunstancias.

 

     - Pues que todos los trabajadores y trabajadoras –enfatizó él la palabra trabajadoras- tengan las mismas oportunidades en el mundo laboral, que se aplique realmente la normativa sobre la conciliación de la vida laboral y familiar, que la mujer, a igual trabajo cobre el mismo salario que el hombre, que … -hizo una pequeña pausa- no se considere el embarazo una enfermedad, que se forme por igual a las mujeres que a los hombres, que alcancen, en definitiva, la misma responsabilidad las mujeres que los hombres en las empresas- al llegar a este punto el marido, José, estaba enardecido por sus propias palabras, tanto que la gacetillera le dijo:

 

       - ¡Se nota que vives con intensidad los problemas laborales de la mujer!

 

      - ¡Si! ¡Y que lo digas! – la voz de María sonó con estridencia- Me ha ayudado muchísimo en este año largo que llevo sin trabajar. No sé lo que hubiera sido de mi sin su apoyo y sacrificio.

 

Al llegar a este punto ya estaba lo suficientemente despierto para sentir como era prisionero de la indignación así que decidí liberarme de ella apagando el receptor mientras pensaba en el triste destino, no ya del género femenino, sino de nuestra especie mientras hubiesen “adalides” de la mujer como José y “Marías” que les creyesen.

 

No obstante, por lo que supe después, aquella intervención televisiva de la pareja no pasó inadvertida para alguien que pensó que el matrimonio le podría sacar de un apuro. Y cogió el teléfono… (continuará)

Esas pequeñas cosas

Esas pequeñas cosas

 

Le llenó de grandes palabras, de gestos excepcionales. Le llenó, en definitiva, de todo aquello que ya conocía porque tenía a rebosar sus recipientes de sentimientos enlatados. Sin embargo olvidó los detalles, esas pequeñas cosas por donde se escapan esos “te quiero” o los “te amo”, tan elásticos, que hasta son capaces de alcanzar la dimensión exacta de las hendiduras abiertas por los fragmentos llenos de significado.

La buena gente

La buena gente

Ha sido un año muy duro para ella. Como vulgarmente se dice parece como si todo el Universo se hubiese confabulado en su contra. Recién cumplidos los cincuenta, hacía dieciocho meses que se había separado después de haber cumplido las bodas de plata en su matrimonio. Aunque era una ruptura anunciada dado que las inquietudes culturales, sociales y por ende, laborales de ella –muy por encima de las de él- iban por caminos divergentes, el tener una hija de veintidós años que no acaba de estabilizarse en el mundo laboral y un adolescente de quince con problemas de crecimiento, convirtió en áspera una quiebra que no iba a ser traumática. Consumado el fracaso matrimonial que le dejó a ella en herencia una hipoteca que liquidar, un adolescente que completar, una hija que situar y ella, una mujer con todo por hacer, la empresa en la que trabajaba desde principios de los ochenta, trasladaba su sede a más de seiscientos quilómetros –consecuencia de una absorción que tanto se estaban dando en la industria farmacéutica- y querían aprovechar para hacer “borrón y cuenta nueva” con sus trabajadores.

 

Tuvo suerte a sus ya cincuenta años, justo la edad en que la empresa privada expulsa inmisericorde a los que la han cumplido –y más tratándose de una mujer- de encontrar un trabajo en una multinacional del sector. La vida le ofrecía otra oportunidad. Un trabajo que le gustaba y para el que había demostrado sobradamente su capacidad, un sueldo superior al que percibía, una indemnización laboral con la que podría afrontar las reformas de su casa –que cambió de arriba abajo para que nada le recordase su época matrimonial pasada- y quién sabe si redimir algo de la hipoteca pendiente y, lo más importante, un jefe que desde el primer día ella calificó de “buena gente” y al que, en un arranque de sinceridad, le explicó las penurias por las que estaba atravesando.

 

Pero es bien sabido que las empresas tienen las entrañas hechas de beneficios en un cuerpo organizado única y exclusivamente para conseguir esa finalidad, incluida ésta que, sin embargo, tiene fama de atesorar una política social para sus trabajadores envidia de los sindicatos. Así, desde el primer día, teniendo la espada de Damocles del maldito “periodo de prueba” completaba jornadas de quince horas en pos de que la cirugía del papel moneda embelleciese las cuentas corrientes de los socios de la Multinacional. Ello le hizo descuidar a sus hijos, especialmente a su hijo pequeño, a su casa y a ella misma que día tras día veía como su ansiada independencia se sumía en un pozo al que no le llegaba a ver el fondo. Se acumulaba el trabajo y con ello, se apilaban las exigencias del jefe. Crecían los problemas que se iban colando en algún lugar de su conciencia sin que ella se diese cuenta. Ganaban terreno las sombras sin que hubiese luz capaz de dispersarlas. Un viernes de abril, a las ocho de la tarde, su jefe “buena gente” le dijo: “Creía que contigo había fichado un crack, pero veo que me he equivocado”. Ella no le devolvió respuesta. No supo qué contestar. Al llegar a su casa, seguía sin poder quitarse de su cabeza las palabras que le había dicho su jefe, él que era “buena gente”. Más allá de esas palabras solo había oscuridad y no encontraba el desagüe por el que poder verterlas a las cloacas del olvido.

 

Aquella noche abrazó como nunca lo había hecho a sus hijos, primero al pequeño, su adolescente, luego a su hija mayor, la mujer que estaba a punto de germinar. Sabía que no los volvería a ver. Ya en su cuarto se tomó dos tubos enteros de “tranquimazín”, sabiendo que desaparecería la oscuridad… y también la luz para siempre. No pudo tomarse el tercero porque su hijo entró en la habitación. Estuvo justo el tiempo necesario para que ella iniciase un profundo sueño. A la mañana siguiente su hija no pudo despertarla. Fue necesario un lavado de estómago y cuarenta y ocho horas para que volviese la vida a aquél cuerpo. A su espíritu iba a tardar bastante más dejando una herida de la que nunca podría curarse. Rodearse de la cabrona “buena gente”, la que se define así por el solo hecho de no haber matado nunca a nadie, no le va a ayudar mucho pero hay tant@s.

Seducción epistolar (y ¿VII?)

Seducción epistolar (y ¿VII?)

 

Ella (15):

 

“Carta a usted Señora:

 

Según dicen ya tiene usted otro amante.

Lástima que la prisa nunca sea elegante.

Yo sé que no es frecuente que una mujer hermosa,

se resigne a ser viuda, sin haber sido esposa.

 

Y me parece injusto discutirle el derecho

de compartir sus penas, sus goces y su lecho

pero el amor señora cuando llega el olvido

también tiene el derecho de un final distinguido.

 

Perdón… si es que la hiere mi reproche…

Perdón aunque sé que la herida no es en el corazón.

Y para perdonarme piense en si hay más despecho

que en lo que yo le digo, que en lo que Ud. ha hecho.

 

Pues sepa que una dama con la espalda desnuda

sin luto en una fiesta, puede ser una viuda.

Pero no como tantas de un difunto señor

Sino para ella sola, viuda de una gran amor.

 

Y nuestro amor recuerdo, fue un amor diferente

al menos al principio, ya no, naturalmente.

 

Usted será el crepúsculo a la orilla del mar,

que según quién lo mire será hermoso o vulgar.

Usted será la flor que según quién la corta,

es algo que no muere o algo que no importa.

 

O acaso cierta noche de amor y locura

yo vivía un ensueño y… y usted una aventura.

Si… usted juró cien veces ser para siempre mía

yo besaba sus labios pero no lo creía.

 

Usted sabe y perdóneme que en ese juramento

influye demasiado la dirección del viento.

Por eso no me extraña que ya tenga otro amante

a quién quizá le jure lo mismo en este instante.

 

Y como usted señora ya aprendió a ser infiel

a mi así de repente me da pena por él.

 

Si es cierto… alguna noche su puerta estuvo abierta

y yo en otra ventana me olvidé de su puerta

O un tarde de lluvia se iluminó mi vida

mirándome en los ojos de una desconocida.

 

Y también es posible que mi amor indolente

desdeñara su vaso bebiendo en la corriente.

Sin embargo señora yo con sed o sin sed,

nunca pensaba en otra cosa si la besaba a usted.

 

Perdóneme de nuevo si le digo estas cosas

pero ni los rosales dan solamente rosas.

Y no digo estas cosas por usted ni por mi

sino por… por los amores que terminan así.

Pero vea señora…. Que diferencia había

entre usted que lloraba… y yo que sonreía.

Pero nuestro amor concluye con finales diversos

usted besando a otro… yo escribiendo estos versos.”

 

Y El estuvo allí...

Y El estuvo allí...

El inigualable, el único, el original, "The Boss" Bruce Springsteen estuvo en Barcelona

... y EL, el insuperable, el magnífico, el majestuoso, el munífico en ...

¡¡ Que ganas tenía de colocaros este vídeo !!

 

Seducción epistolar (VI)

Seducción epistolar (VI)

Ella (12):

 

“No te extrañe, estaban próximos, todo lo próximos que cabe esperar de esta relación nuestra tan distante... sólo me refiero a la cantidad de quilómetros físicos que nos separan.

 

 

Hoy estoy algo embotada, acarreo un resfriado, o los síntomas del mismo desde ayer y en grado mayúsculo, con lo que deberé de parecerte incoherente en algún momento, pero sé que sabrás perdonármelo.

 

Lo de los jovenzuelos no le atañe, quiero decir, que el comentario no le situaba en la senectud, ni mucho menos en la mediana edad, lo que es trágicamente cierto, es que con 23-24-25-26-27-28-29 … los varones, o la gran mayoría de ellos, son insufribles. Ya le daré motivos o explicaciones en otra ocasión.

 

Ahora si, vengo pergeñando desde la lectura de pedírtelo sin ambages, esto es, desempolva la alfombra que para casos de urgencia utilices, y recógeme a eso de las siete, que ya estaré de puro desmayo febril, desvanecida, y me acunas con los cuentos y con las hadas, aunque prefiero las de caballeros y dragones; y me arropas con tu propia piel o con mullidas y etéreas plumas… cuando creas conveniente que abandone los brazos sedosos de Morfeo, me arrastras del sueño a la diástole, de la diástole a la sístole, de la sístole al éxtasis y finalmente, si nos restan fuerzas para algo, que el que pueda llame a un taxi que me regrese de nuevo a mi habitación de cohabitante, a mis sueños en soledad, a mis páginas…

 

Espero que a lo único que le dedique su bondad culto regular, sea a la embriaguez de los sentidos, única materia objeto de culto, según mi propio entender.

 

Beso terriblemente extenuado.

 

P.S. Sin gana alguna que justifique mi presencia en este puesto de trabajo mío, le advierto, que hoy necesitaré un mimo, detrás de otro, detrás de otro, detrás de otro, detrás de otro, detrás de otro, detrás de otro… ad infinitud.

 

 

El (12):

 

“Los tendrás… al igual que tu me despiertas los sentidos cada mañana… uuuhhhmmm… no puedo evitar que mi corazón se “sistodiastolice” desaforadamente con sólo verte en verde…. ;) Un beso, una caricia, una sonrisa …. Vendrán más hoy. Al menos eso puedo ofrecerte… con el corazón. ”

 

 

Ella (13):

 

“Le encuentro más lacónico de lo habitual… perdone que siga manteniendo el trato consular… y además le escucho flirtear con el ínclito ‘kiwi’, mi más tenaz opositor, mi rotunda ruina.

 

¡Al final les pediré a ambos que terminen haciéndome los deberes!

 

Son como críos, oyes… como críos.

 

El (13):

 

“Vaya en mi descargo que, el anterior correo, fue un adelanto de lo que, con la tranquilidad que me ofrece mi espacio, vendrá… Y dígame ¿acaso está mal flirtear con la imaginación… aunque sea de un hombre? ¿opositor dice? ¿me dirá ahora que prepara clases para funcionarios? ¿su ruina? … Cuente, cuente… J

 

 

El (14):

 

“Y yo aquí esmerándome en enviarte señales y tu aún no te habías dado cuenta que, desde el segundo correo que nos cruzamos, ya tenía desempolvada la alfombra de las grandes ocasiones ¿No viste mi “biplaza” aparcada al lado de la chistera y la varita? Si. Yo no sé si preparé la alfombra desde que me regalaste tu primera sonrisa o si fue cuando me definiste como “zascandil”. En cualquier caso llegó el momento en que mi alfombra, falta de magia, me dijo que eras la persona adecuada para proveerla de ese combustible necesario para un viaje hacia el planeta de las “posibilidades imposibles”.

 

Hoy, aunque no me lo hubieses pedido y sin temor al contagio, te hubiese arropado, piel contra piel (¿has escuchado sonido mas sensual que el choque de una piel contra otra?) y te hubiese susurrado (sé que el punto “g” está en las orejas) historias de caballeros y dragones. Hubiésemos cabalgado por bosques llenos de claroscuros, casas encantadas y castillos abandonados llenos de hiedra y misterio… y, entre galopada y galopada, hubiese recogido tu sueño en mis brazos para depositarlo en un bolsillo que tengo justo al lado de mi corazón. Así, estoy convencido, mis latidos habrían sido la música que te acompañase…

 

Hace más de un año un libro me cautivó. Trataba, fíjate qué simpleza, sobre la construcción de una catedral en el siglo XII. Desde entonces todas mis “historias” tratan sobre caballeros, damas, dragones y castillos. Y estoy encantado (aún más) de que me hayas revelado tu necesidad sucesiva de mimos. Además de alimento para el espíritu, quiero acariciar también tu alma y, cuando logre descubrir la técnica de transposición de la pantalla del PC, tu cuerpo… ilimitadamente. No quiero ni pensar qué ocurrirá cuando inventen el “chip” de olores y le llegue el de tus feromonas.

 

Un beso único e indivisible”

 

 

Ella (14):

 

“Será que sigo griposa y no llego al meollo del asunto. Vamos a ver J.A. de mis entretelas ¿O sea qué ya tiene la alfombra preparada? ¿Y cómo me he quedado yo esperándole esta noche? ¿Cómo? Ahhhhhhhh! ¡Ya sé! No tiene “usté” más que una ubicación remota, algo intangible. Vamos a ver, no número, no calle, no piso ni puerta, no nueve dígitos para oírnos. Pero si tenía ya prevista la vista o audiencia previa ¿por qué no me donó los suyos, sus coordenadas, sus cardinales, sus domicilios? Espere, espere. Ahora todo cobra sentido, hay más doncellas, peligro,, hay otras o, lo que sería peor, tan sólo una más… claro, ya recuerdo. A ver, resumamos. Me ofrece mimos si pido mimos. Pregúntome: ¿cuándo yo los necesite? ¿cuándo Ud. esté disponible? ¿Qué sincronización habríamos de forzar? Mas… me ofrece susurros si le pido susurros (no recuerdo tal solicitud, tal vez un cuento, el de dragones y caballeros, sin melífluas princesas, entendí que entendió, ni historias mágicas, que luego la magia sólo era un truco de manos ligeras) Tengo las mismas preguntas acerca de esto.

 

Me ofrece su piel. Mire eso se lo agradezco enormemente, porque tengo la piel aterida de la gripe, o febril, por la misma causa, y no me acompaña mucho la temperatura al espíritu ¿Le importaría en tal caso abanicarme cuando me subiera la fiebre y cubrirme cuando me bajara? Ya sé que suena un poco egoísta por mi parte pero esto está incluído en el capítulo de mimos, antes que me los escamotee con alguna argucia, en la sección de mimos con intención, párrafo con intenciones ímprobas… pues eso.

 

J.A…. dime corazón qué libro es ese, editorial, autor y título, a una adicta a la letra no le puedes donar críptica información.

 

En cuanto a lo del chip, yo conozco una solución, la de toda la vida, la de la vida entera… Ahora solo falta que conteste a esas preguntas que median este mensaje.

 

Beso absolutamente embotado”

Seducción epistolar (V)

Seducción epistolar (V)

 

Ella (10):

“A ver señor mío, con mitad de nombre empecinado por empezar por J (le aseguro desde ya que no le tengo ninguna inquina a la letra,, joven) … me ha dejado en el libro de visitas una gata caliente un mensaje para su bondad, espero que tenga la bondad misma, para contestarle en su página, que esto de hacerle de Celestina me viene mal y en el peor momento.

 

Después… que me siento halagadísima don José (espero que no sea Ramón la otra mitad) por lo de que mis letras acaben residiendo en su disco duro de usted.

 

Y ahora si… divagas casi mejor que yo, te pregunto por tus cuitas y me sales con el espléndido día marino… ¿será del sur el señor? O con aquello de que es un sátiro en la red, con la masificación de sátiros que tiene ya.

 

Se me declara infiel. Venga, vale… ¿Infiel a qué o a quién? Y no sólo eso… sino que es leal, cualidad que le elogio, pero también debo preguntar si la lealtad sólo se la debe Ud. a alguien o es genérica. Y por último. Si los días que te tocan son tan plácidos, tan serenos, tan luminosos, J (¿B?) de mi vida, hazme sitio para unos cuantos, que estoy que desfallezco de tanto trabajar y necesito aplacar ciertas tormentas internas. No te preocupes, saldrías indemne, salvo alguna magulladura, o arañazo o mordedura inocua.

 

Besos escarchados de frío”

 

El (10):

 

“Pues no se lo va Ud. a creer pero la otra mitad de mi nombre es “Angel”. Así que, juntado con la otra mitad, lo tendrá completo. Y desvelado el misterio del nombre que le dirá muchas más cosas de lo que en un primer momento pudiera parecer, pasaremos al asunto de la ocupación de un espacio, de su utilización sin por ello abonar peaje o alquiler alguno. En primer lugar me apresuro a pedir disculpas porque alguien le haya utilizado dicho espacio para lanzar (o continuar) una diatriba contra mi alias (que no, en este caso, contra mi persona) En segundo lugar y como ya habrá imaginado cumpliendo aquél dicho de los “dos no se pelean si uno no quiere” y, añadiendo al mismo, mis tendencias a preservar todo tipo de paz, ni por asomo contestaré a ese mensaje, ni en privado ni, por supuesto, en público. Para estas cosas tengo sentido del pudor y, sobre todo, de la vergüenza. Por ello le pido perdón de antemano por las molestias que le pueda ocasionar. Y para acabar con este tema al que no quiero dedicarle ni un minuto más de nuestro valioso tiempo, dos cuestiones. Una es que, aunque parezca una justificación –y los de mi gremio siempre decimos “justificatio non petita, acusatio manifesta”- es que, con la escribiente en cuestión, fui amable durante un largo período de tiempo. Repito e insisto. Amable. Y un amable virtual siempre, ya que no tengo el gusto de conocerla personalmente.

 

Y lo que ahora me da vueltas en la cabeza y es mi preocupación es otra cosa. No te conozco. No sé quién eres ni si lo sabré alguna vez. Pero me importa saber de ti y de tus circunstancias…

 

Por hoy no puedo escribir más. Me voy a cortar el pelo aunque, la fuerza, la perdí antes.

 

Un beso … de puntos suspensivos. J.A.”

 

Ella (11):

 

“Pues haré todo lo posible por creérmelo… aunque menuda ironía irle a poner a Ud… Angel, nada menos.

 

Por lo de la gata no se preocupe, no me ha importunado en absoluto, apenas se ha dirigido a mi persona, salvo que me intrigaban los lazos que pudieran unirles. Por cierto… su gremio debe ser el de los letrados togados ¿si?. Conocía el dicho por otro compañero suyo de labor. No dudo de su amabilidad y de su afabilidad para con cualquier ser humano, sea del género que sea. Imagino que ella habrá quedado encantada con el tan amable José Ángel y, claro, como es de suponer anda buscándole las vueltas, cosa muy lógica y muy humana que no me epata en absoluto.

 

No me conoce, pero todo en esta vida tiene remedio, salvo la parca. Eso deduje de sus textos, que al menos algo le intereso… y hace bien en acicalarse y en contármelo. A mí, aunque divague mucho, me tiene Ud. detenida … y concentradísima… en su persona.

 

Un beso fluctuante.”

 

El (11):

 

“Esos besos, a latidos del corazón, los he sentido próximos. Tan próximos que casi he podido notar el aire caliente de tu respiración… Seré yo quién esté expectante en tu próximo correo para ver qué ocurre cuando irrumpa la “diástole”. Y me he permitido empezar así el correo por la calificación de lisonjero de la que me has imbuido. Generosa calificación por otro lado… Si continúas por ese camino puedo inundarte de sueños, viajes fantásticos, elfos, hadas, enanitos (y gigantes), brujos… y llegar hasta las orillas del Paraíso a bordo de la alfombra mágica que desempolvo en muy contadas ocasiones. En mi compañía, por supuesto. Estoy pensando en el contraste cuando nos zambullamos, de consuno, en tu mar de realidades… aunque, de momento, ábreme la puerta de tus sueños porque, sino, me voy a colar por la ventana.

 

Por cierto, mi gran tolerancia y sentido del perdón anticipado hacia Vos me está permitiendo escribirle este correo … ¡¡¿qué es eso de no considerarme joven a mis años?!! ¡¡Señora!! Que aún conservo toda mi cabellera (canosa, eso si)

 

Hoy te voy a dejar un beso muy especial. Como aquél último que “recidistes” (palabra de nuevo cuño fusión, como el beso, de “recibistes” y “distes”) y te dejó literalmente pegada a unos labios… Es domingo. Día de culto. Me voyyyyyyyy.”

Momentos de ternura

Momentos de ternura

 

No quiero que me desborde la ternura y tú te encuentres cerca de la esclusa donde la tengo encerrada por cultivar amores baldíos. Tu fuerza podría reventar las compuertas de la presa y cogerte desprevenida en medio de su torrente al que solo puedes enfrentarte o dejarte arrastrar. Si yerras al hacerlo podrías ahogarte de afecto y a mi dejarme con la tierra seca.

Seducción epistolar (IV)

Seducción epistolar (IV)

El (7):

" Cuando los ejércitos comiencen a moverse y las banderas ondeen y los slogans sean vociferados, ten cuidado muchacho porque son las castañas de alguien más quemándose en el fuego, no las tuyas. Son sus palabras por las que estás luchando y no estás haciendo un trato honesto, tu vida por algo mejor. Estás siendo noble y después que te maten el motivo por el que entregaste tu vida no te hará ningún bien y posiblemente no hará bien a nadie más tampoco.


Talvez esa sea una mala forma de pensar. ¿Existen muchos idealistas por ahí que dirán qué hemos caído tan bajo que nada es más precioso que la vida? Seguro que existen ideales dignos de luchar por ellos y hasta de morir por ellos. De no ser así somos peores que las bestias del campo y nos hemos hundido en la barbarie. Entonces dirás, eso está bien seamos bárbaros con tal de no tener guerra. Tú mantén tus ideales mientras a mi no me cueste la vida. Y ellos dirán pero seguro que la vida no es más importante que los principios. ¿Entonces dirás o no? Talvez no la tuya, pero la mía lo es. ¿Qué diablos son los principios? Nómbralos y quédatelos.


Siempre podrás escuchar a la gente que está dispuesta a sacrificar la vida de alguien más. Son muy ruidosos y hablan todo el tiempo. Los puedes encontrar en las iglesias y escuelas, en los diarios y las legislaturas y los congresos. Ese es su negocio. Ellos suenan maravilloso. Muerte antes que el deshonor. Esta tierra está santificada por la sangre. Estos hombres murieron en la gloria. No deben haber muerto en vano. Nuestra muerte es noble.
Hmmmm.
¿Pero que dijeron los muertos?
¿Ha regresado alguno de la muerte? ¿Si quiera uno sólo de los millones que murieron alguno de ellos regresó y dijo en nombre de Dios, estoy contento de estar muerto porque la muerte es siempre mejor que el deshonor? ¿Dijeron estar contentos de morir por hacer un mundo mas seguro para la democracia? ¿Dijeron me gusta más la muerte que perder la libertad? ¿Alguno de ellos dijo es bueno pensar que me volaron las entrañas por el honor de mi país? ¿Alguno de ellos dijo mírenme estoy muerto pero morí por la decencia y eso es mejor que estar vivo? Alguno de ellos dijo aquí estoy y me he estado pudriendo dos años en una tumba extranjera, pero es maravilloso morir por tu patria? ¿Alguno de ellos dijo, Viva! morí como un hombre y estoy feliz, miren como canto aunque mi boca se atraganta con lombrices?


Nadie sino los muertos saben si todas estas cosas de las que la gente habla son dignas de morir por ellas. Y los muertos no pueden hablar. Así que las palabras sobre muertes nobles y sangre sagrada y honor y demás están puestas en los labios de los muertos por los ladrones de tumbas y los mentirosos que no tienen ningún derecho de hablar por los muertos. Si un hombre dice muerte antes que deshonor es un tonto o un mentiroso porque él no sabe lo que es estar muerto. Porque no es capaz de juzgar. El sólo sabe sobre la vida. El no sabe nada sobre morir. Si él es un tonto y cree en la muerte antes que el deshonor, déjalo ir por delante y que muera. Pero todos los jóvenes que están muy ocupados en la pelea deberían dejarlos tranquilos. Y todos los que dijeron que muerte antes de deshonor era pura tontería, que lo importante es la vida antes que la muerte, deberían dejarlos en paz también. Porque los que dicen que la vida no es digna de ser vivida sin ideales tan importantes que estés dispuesto a morir por ellos, están todos locos. Y los que dicen ya verás llegará un tiempo en el que no puedas escapar y tendrás que luchar y morir porque de eso dependerá tu propia vida, ellos también están locos. Están hablando como ignorantes. Están diciendo que dos y dos no suman nada. Están diciendo que un hombre tiene que morir para proteger su vida. Si aceptas pelear aceptas morir. ¿Ahora si mueres para proteger tu vida, no estás vivo de cualquier forma, así que dónde está el sentido en eso? Un hombre no dice dejaré de comer hasta morir para librarme del hambre. No dice gastaré todo mi dinero para ahorrar dinero. No dice quemaré mi casa para librarla del fuego. ¿Por qué entonces deberíamos desear morir por el privilegio de vivir? Debería existir tanto sentido común sobre la vida y la muerte como lo existe para ir a la tienda y comprar un pedazo de pan.
[...]
No existe nada noble al morir. Ni siquiera cuando mueres por honor. Ni siquiera cuando mueres como el mayor héroe que el mundo haya visto. Ni siquiera cuando eres tan grande que tu nombre nunca será olvidado y quién es así de grande? Lo más importante es su vida muchachos. Ustedes no son nada muertos, excepto para los discursos. No los dejen burlarse más. No pongan atención cuando les den palmadas en los hombros y les digan, ven con nosotros tenemos que pelear por la libertad o cualquier palabra que usen, porque siempre hay una palabra.
Sólo digan, señor lo siento, no tengo tiempo para morir, estoy muy ocupado y después den la vuelta y corran como si el diablo los siguiera. Si ellos dicen cobarde, no presten atención, porque su trabajo es vivir y no morir. Si ellos hablan sobre morir por los ideales que son más grandes que la vida, ustedes le contestan, señor usted es un mentiroso. Nada es más grande que la vida. No hay nada noble en la muerte. Qué hay de noble en yacer en la tierra y pudrirse. Qué hay de noble en no volver a ver la luz del sol. Qué hay de noble en que te vuelen las piernas y los brazos. Qué hay de noble en ser un idiota. Qué hay de noble en ser ciego y sordo e ignorante. Qué hay de noble en estar muerto. Porque cuando esté muerto señor todo se habrá acabado. Ese es el fin. Será menos que un perro, menos que una rata, menos que una abeja, que una araña, que un gusano blanco arrastrándose en un depósito de estiércol.
Usted está muerto señor y murió por nada.
Usted está muerto señor. Muerto.
"

Johnny cogió su fusil (Dalton Trumbo)

 

Ella (7):

"Ufff .. lo del fusil del tal Jota ha sido demoledor.. oiga, me está llamando vocinglera, panfletaria o algo peor? (perdone que recurra al tratamiento para estos menesteres)

Le advierto que la muerte, para una servidora es injustificable, la de cualquiera. Otrosí, soy más pacífica que la columbus blanca esa que porta en el pico una ramita de olivo y que tan denostada está.
Alora.. he sobrevivido al texto y he recuperado el habla, que es mucho, señor mío.
Tendré que regresarme luego, porque eso sí.. me he quedado bastante resacosa.

Buenos días, tengas.

Y beso desprovisto de armas."

 

El (8):

"Tal vez el autor de la película no se explicó demasiado bien... o yo no acerté al enviártela. Si repasas el contenido del escrito es profundamente antibelicista. Un canto a la libre elección del individuo.... Y, sobre todo, a la Paz. Por eso, ante su faceta de "conductora" (léase bien "conductora" no "conducator") de asambleas, me pareció una buena idea el que tuvieses ese fragmento a modo de "manual"... ;-) Y, sin ningún género de dudas, los besos, las palabras e, incluso, los muertos, deben ir siempre desprovistos de armas... Como siempre, te espero. Un beso..."

 

Ella (8):

Acertó, y entendí que destilaba antibelicismo, en lo que me quedé patidifusa fue en las intenciones.. esto es, además de como manual para la conductriz (me lo acabo de inventar) quería expresarme cierto desacuerdo con mi actual estado de voceadora asamblearia? quería decirme que ya no tiene fé en la política? quería darme sustento para el alma? de ahí mi natural escepticismo y puede que esa agria, sin acritud pregunta mía en voz alta.. pero nada, está bien, ahora entiendo que sólo lo hizo con ánimo pacifista, para evitar que a mí me dé un síncope en alguna reunioncita, en vista d elo que he escuchado ya en las anteriores, a tenor de los enfretamientos, nunca suficientemente dialécticos..

Te agradezco el fragmento, en serio.. es casi mi propia declaración de intenciones.

Beso gozoso.

Se me olvidaba (la edad, ya sabes. La mía, por supuesto :-))... procuraré no cargarte de texto. Luego se "amontonan" las ideas y odio las aglomeraciones...

No debe preocuparte lo de los textos, los tuyos los vampirizo con entusiasmo.. aunque las aglomeraciones, también me molesten de tanto en tanto, les encuentro utilidad.. has probado a perderte de la vista de todos en una? no hay mejor manera de hacerse invisible y desaparecer.. :)"

 

El (9):

"Si es que ya lo decía yo (a mi mismo, claro está) cada mensaje tuyo hay que mirarlo, asimilarlo y, si puedes, contestarlo. Y, aún siguiendo esa metodología, no siempre se acierta con la respuesta. Y escribo esto al hilo de los “temas” que se han suscitado en tus tres últimos mensajes y que merecen algún tipo de reflexión. Procuraré sintetizarme (que ya es dificil dada mi natural tendencia al rodeo y abrazo J). Vaya por delante que tu faceta de “voceadora asamblearia” (término que recojo del original tuyo) puede ser tan loable y sacrificada como lo eran las misiones de la recientemente beatificada Teresa de Calcuta. Lo que en ningún caso me permitiré es estar en desacuerdo con cualquier actividad humana líbremente consentida salvo, aunque es una obviedad, aquellas que representen algún tipo de violencia. Lo que si lamento es el no poder verla, contemplarla y, estoy convencido, admirarla en esa faceta (Y, a partir de aquí si que procede el tratamiento lejano ;-)). La envidia por aquell@s que disfrutarán de Ud. en mi caso, salta todos los controles de la evidencia. En consecuencia, una vez aclarado mi entusiasmo (contenido, eso si) por su actitud como “voceadora asamblearia”, ya habrá concluído que mi intención al enviarle el fragmento de la obra de Dalton Trumbo, era para alimento de su alma, que no sustento ya que aquella la intuyo excelentemente aposentada... Y, sin ánimo de insultar su inteligencia por la explicación-petición que a continuación escribiré, habrá sabido leer entre líneas y saber que lo que le (te, a partir de aquí giramos de nuevo) te estoy pidiendo es que me ilustres, me cuentes sobre esa, a veces, “sincopada” faceta... Me quedan cuestiones. Se que muchas... No me resisto a entrar en temas, por ejemplo, más escabrosos que nos han quedado pendientes como tu habilidad para escribir sobre las pieles. Doctrina esta en la que me encantaría iniciarme... Y si, me pierdo de vista con mucha frecuencia, sobre todo cuando tengo la impresión que hacerme demasiado evidente no me reporta beneficio alguno... Pero ¿sabes otra utilidad, algo indecente ;-)), que se le puede dar a una aglomeración, a una multitud?. Ese tema lo dejo para cuando hablemos de pieles... Un beso sonriente y complacido.

P.D. ¿Me podrías desarrollar lo que es un “beso gozoso”?"

 

Ella (9):

¿Te puedo hacer una pregunta previo saludo matutino? (da igual, la formulo y si quieres contestas) Escribes en Word y después lo trasladas? es que esa es la sensación que da por la aparición de número ajenos al mensaje y esa fatídica j.

San viernes bendito y muy buenos días

Le hago un resumen de mi actual situación personal por si percibe cierto humorcillo negro.. vamos a ver, mi hermana se marcha de una empresa en la que llevamos, ambas, siete años trabajando. Ha provocado un cataclismo su partida, debido a que aunque somos "absolutamente prescindibles" (cosa que todos los jefes que tenemos por encima se han hartado de decirnos) no saben a quién emplear ahora que conozca mejor la empresa y se haga cargo de sus responsabilidades. Mi hermana y yo , encantadas de la vida, yo por que se lo merece y ella porque por fin va a tener un salario digno y un trabajo menos esclavo

Esta mañana se descuelga mi jefe diciendo que vamos a cerrar. Cojonudo, a estas alturas y tras un años oyéndole la misma cantinela, casi estoy deseando

Y ahora procedo a contestarle, mi responsabilidad como vocal todavía no ha requirido de mi natural prestancia, amén de mi tiempo, con lo cual, solo he tomado investidura del cargo y santiamén. Así pues, no se ha perdido aún gran cosa, salvo la serie de felicitaciones y aspavientos propios del momento. En lo que se refiere al cargo a desempeñar, lamento no poder informale aún, por dos razones obvias, una la prudencia..(todavía no sé con quién me juego los cuartos-expresión populachera que sin duda entenderá fácilmente), el desigual flujo informativo, y sin ánimo tampoco de insultar su inteligencia le explico, que apenas me compensa su bondad con alguna de sus cuitas o detalles más o menos azarosos (observará que le hablo más allá de la linde respetuosa).

sigue en el mensaje numero dos, vayan sin embargo, dos besos de anticipo.

Espero dejarle con la suficiente intriga al respecto de mi faceta política

No te resistas, cualquier resistencia puede ser vencida. Si me planteas cuestiones fuera de la discusión mantenida, probablemente el cambio de tercio, de mano, de asunto.. me obligue a ser rigurosamente sincera, no quiere esto decir que no lo sea, ni que lo deje de ser. Me temo que poco puedo enserñarte de pieles de tan avanzado que se halla el cuento, sin embargo, no me negaría

Un beso gozoso.. es.. aquel que además de transmitir esa deliciosa intimidad del beso, provoca una reacción placentera, tanto para el que lo da como para el que lo recibe.. o sea, pleno de gozo.

Beso oscilante."